viernes, 13 de julio de 2012

El capitalismo salvaje al descubierto en un filme Sylvain George.

por Paulo Pécora 
 
El capitalismo salvaje impulsado por algunos países europeos, que en su afán neocolonialista desestabilizan, agreden y provocan guerras en países de Africa, Asia y Medio Oriente, queda al descubierto en “Figuras de guerra”, imprescindible filme de Sylvain George que denuncia el infierno de miles de inmigrantes que llegan a Europa escapando de esos conflictos.
Ganador de numerosos premios internacionales, entre los que figuran el de mejor película y el de la crítica en el Bafici 2011, este intenso documental de dos horas y media de duración se estrenó ayer en la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (avenida Corrientes 1530), donde podrá verse en 16 únicas funciones el 12, 13, 14 y 15 de julio, a las 21, y el 17, 18, 19, 20, 21 y 22, a las 14.30 y 18 horas.
Si bien se concentra en el drama de los migrantes que llegan a la ciudad francesa de Calais con la intención de cruzar el canal de La Mancha hacia Inglaterra, “Figuras de guerra” alude por extensión a todos los extranjeros que son tratados como basura y perseguidos como animales por la policía, que los caza para deportarlos a sus países, de los cuales huyeron para salvar sus vidas.
De esa manera, la película revela el círculo continuo de la violencia a la que son sometidos día a día miles de africanos, musulmanes y asiáticos que llegan a Europa poniendo en riesgo sus vidas, tras cruzar enormes extensiones de desierto y mar, y escapar de conflictos bélicos que los propios europeos provocaron o ayudaron a generar en sus hogares, negándoles luego refugio a las víctimas de esas guerras.
Según escribió el propio George, su filme “expone las políticas adoptadas por los estados modernos que están más allá de la ley, creando zonas grises, fracturas, espacios indistintos entre la excepción y la regla. El individuo, tratado como un criminal, se ve a sí mismo despojado, desnudo, privado de la mayoría de los derechos básicos que hacen del mismo un sujeto político”.
La película propone una profunda reflexión sobre esta situación de la que son víctimas millones de seres humanos que sobreviven como pueden comiendo desechos en parques o vías del ferrocarril, soportando el frío y la lluvia debajo de puentes o durmiendo en pequeños huecos oscuros de la ciudad.
Llegados desde países tan distantes como Ghana, Nigeria, Eritrea, Irak, Pakistán, Turquía, Kurdistán, Serbia o Afganistán, estos hombres son retratados por George en su angustia y sufrimiento cotidianos, en su rutina de esconderse y escapar continuamente de la policía, de saltar vallas y alambrados, y de buscar la forma de trasladarse -incluso entre las ruedas de un camión- hacia mejores horizontes.
“Figuras de guerra”, cuyo título original en francés es “Qu`ils reposent en révolte (Des figures de guerre)”, es una investigación documental en la que el director pasó más de tres años junto a indocumentados de la ciudad portuaria de Calais, a quienes observó y retrató para compartir con el público sus pesares, su nostalgia y los relatos de odiseas increíbles que atravesaron antes de llegar allí.
Filmada íntegramente por George en un contrastado blanco y negro, la película combina momentos de calma y espera, en los que los inmigrantes se alimentan o se bañan junto a un río, con otros más dramáticos y violentos, como cuando la policía francesa, siguiendo las políticas represivas del ex presidente Nicolás Sarkozy, los desaloja por la fuerza de un asentamiento.

Este contundente documental sobre el grave problema de la inmigración ilegalizada en Europa posee un estilo de realismo bastante extraño, en el que por momentos desaparece el audio para dejar a la película en completo silencio, o como cuando su cámara se aparta de los rostros y las acciones de los protagonistas y se detiene en texturas, superficies, reflejos, ondulaciones en el agua, brillos de luz y otras abstracciones.
Esos momentos cinematográficos funcionan como pequeños oasis de belleza en el desierto de inequidades, injusticias y atropellos que sufren los indocumentados, y compensan el dolor que provoca ver su sufrimiento o sus formas de supervivencia, como cuando intentan eludir la tecnología policial borrando las huellas digitales de sus dedos a fuerza de quemaduras o múltiples y profundos cortes.
“Nos convierten en esclavos en su propio país con estas huellas”, “Ojalá algún día Africa se convierta en Europa y Europa en Africa”, “Ni vivo ni muerto, existo y no existo, soy medio hombre y medio animal”, son algunas de las expresiones que George recoge de estas “bombas de tiempo” que viven sin esperanza, algunos con más ganas de morirse que de seguir sufriendo.
Sin familia, sin comida, sin resguardo, sin descanso, sin dinero, sin derechos, sin nada que perder más que sus recuerdos y sus propias vidas, estos hombres son víctimas del capitalismo salvaje, de la política expansionista de muchos países europeos que -en base a su superioridad militar- invaden países para adueñarse de sus riquezas, obligando a muchísimos hombres a un éxodo obligado.
La película denuncia esa realidad y, en un nivel más profundo, renueva la vieja utopía humana sobre un mundo en el que desaparezcan las fronteras, los muros y las vallas de seguridad, y donde ningún ser humano necesite visa ni pasaportes, ni tenga restricciones para moverse libremente de un país al otro.
Fuente: Télam.